esde principios del año he estado trabajando con una novela que, unas veces marcha sobre ruedas y otras más me pide pausas. Es curioso, pero, aunque me propuse llevar una especie de agenda, llamémosle "plan de trabajo", las cosas nunca salen como espero. La semana pasada comenzó a surgir el esbozo de una idea, como una voz bajita, apagada, a la que no quise dar más importancia que escribirla de manera general en mi libreta. Sin embargo, ahora que se acerca un nuevo fin de semana y varias páginas después, estoy a punto de terminar una historia para niños. Es un cuento largo o una novelita corta, llámenle como quieran; el caso es que me ha gustado cómo está quedando. He seguido con mi novela grande, definitivamente, pero ¿cómo puedo explicar este lapso en el que la historia para niños se metió como cuña para tomar vida propia para obligarme a escribirla? No cabe duda: Las ideas tienen su propia agenda, independientemente de como intentemos calendarizarlas.