En las grandes librerías suelen decorar las paredes con los rostros y los nombres de grandes personalidades literarias y, curiosamente, esas imágenes suelen ser las mismas. Así como en el cine se utiliza el Hitchcock de perfil o los jóvenes portan la efigie del Che con la boina y la estrella, los cabellos largos y la mirada "puesta en el futuro", las imágenes de Borges, Cortázar y otros grandes parecen proceder todas de la misma fuente, como si al salir del molde establecido corrieran el peligro de volverse irreconocibles. ¿En realidad es así? ¿Y por qué no hacer la prueba? Veamos…
En la foto aparece el autor del poema del cual reproduzco un fragmento a continuación. FAREWELL
Un poema de Ricardo Reyes Basoalto
un niño triste como yo, nos mira.
Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.
Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.
Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.
Yo no lo quiero, Amada.
Para que nada nos amarre que no nos una nada.
Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron tus palabras.
Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.
Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
* * *
Si usted reconoce a este hombre, mis enhorabuenas. Si no. Reconózcalo entonces: ¿le suena el nombre de Pablo Neruda?
CRÉDITOS: La imagen fue tomada de: http://geocities.com/Paris/Arc/9906/album.htm
El texto de: http://isites.harvard.edu/fs/docs/icb.topic98516.files/ApuntesdeClase1.doc