Bitácoras de Soledad, en Arandas, Jal. MX

Agradezco mucho a las personas que nos acompañaron en la presentación en Arandas, Jalisco. A pesar de la lluvia tan fuerte y la gran cantidad de eventos que había el mismo día, estuvieron allí manifestándonos su apoyo. Pongo algunas imágenes del evento.





PARA LA AGENDA:

Presentación del libro Bitácoras de Soledad en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Viernes 4 de Diciembre de 2009; Salón "A" del Área Internacional;8:00 p.m. Expo Guadalajara. Guadalajara, Jalisco, México.

Los Esclavos




"A
lberto Chimal, uno de los escritores mexicanos más excéntricos y refinados, publica una deslumbrante primera novela que narra todo tipo de transgresiones con admirable serenidad. Los esclavos cuenta las vidas de dos parejas de amantes que viven situaciones extremas de sumisión y dominio: por una parte, cierta directora de cine pornográfico y la bella adolescente a la que obliga a satisfacer sus deseos y a interpretar los papeles más degradantes en los films que dirige y produce. En segundo lugar un joven millonario que gusta de someter a otras personas, aniquilar sus voluntades y ordenarles que vivan bajo sus caprichos. Su última adquisición es un burócrata de edad madura, al cual obliga a vivir bajo muy calculadas torturas, con un collar humillante y una cadena clavada a sus talones. A fin de cumplir las fantasías eróticas de sus amos, estos esclavos aceptan cumplir exigencias cada vez más radicales, como si esto inmunizara a las relaciones contra el paso del tiempo y las presiones del mundo exterior. Pero el tedio y la policía están tras sus huellas.
Con una prosa sólida y luminosa como un diamante, Alberto Chimal, que ha ganado un inmenso reconocimiento como cuentista, y cuya obra ya ha sido objeto de estudio académico, se pregunta hasta dónde es posible llegar en la lucha de poder que irremediablemente se libra con un ser amado, y qué tienen en común el amor y la libertad."

Este es el texto que aparece en la contra-portada de la novela de Alberto y lo reproduzco para que busquen el libro :)

Más información aquí.

Borges, Cortázar y el Ciberespacio


E
n mayo de 2008 se celebró el Congreso de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción, auspiciado por la Universidad Carlos III de Madrid. Ahí presentó su ponencia el Dr. Christopher Rollason con el título: "Territorio fuera de toda brújula: Borges, Cortázar y el ciberespacio." Pongo a su disposición un vídeo que, considero, puede resultar interesante para varios de ustedes.

La liga para ver el material es:
http://homer.uc3m.es/audiovisuales/0809/Febrero/20080506_LitFan_SG_T_3_edit.wmv

Este estudio ha sido publicado en su versión completa en Mapocho: Revista de Humanidades (Santiago, Chile: Ediciones de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos), No 64, julio-diciembre 2008, pp. 57-68 y se halla disponible en: http://www.geocities.com/christopherrollason/Madridfinal.pdf

La Agenda de las Ideas


D
esde principios del año he estado trabajando con una novela que, unas veces marcha sobre ruedas y otras más me pide pausas. Es curioso, pero, aunque me propuse llevar una especie de agenda, llamémosle "plan de trabajo", las cosas nunca salen como espero. La semana pasada comenzó a surgir el esbozo de una idea, como una voz bajita, apagada, a la que no quise dar más importancia que escribirla de manera general en mi libreta. Sin embargo, ahora que se acerca un nuevo fin de semana y varias páginas después, estoy a punto de terminar una historia para niños. Es un cuento largo o una novelita corta, llámenle como quieran; el caso es que me ha gustado cómo está quedando. He seguido con mi novela grande, definitivamente, pero ¿cómo puedo explicar este lapso en el que la historia para niños se metió como cuña para tomar vida propia para obligarme a escribirla? No cabe duda: Las ideas tienen su propia agenda, independientemente de como intentemos calendarizarlas.

El Señor de las Enciclopedias



¿
Y cuál fue el primer libro que leíste? Héctor Corvalán, —un argentino con el que he tenido cierto contacto gracias a una comunidad de lectores en la red— publicó un post en el que ponía dicho tema a la carta. Quise responder al asunto brevemente, pero al comenzar a hacerlo me vinieron a la mente tantos recuerdos que terminé por extenderme un poco más de lo que suelo. ¡Ah, los recuerdos!. Al final decidí reproducir aquí lo que terminé por escribir en aquel foro:

"Recuerdo una vez que llegó un señor vendiendo enciclopedias. Me emocioné al ver los tomos rojos y gruesos que, luego de algunos minutos se fueron. A mi padre le han interesado siempre más los caballos, las ovejas, los palomos y el campo en general—que también los disfruto en su justa dimensión—, pero no es un hombre de páginas. El folleto en color que dejó el señor de las enciclopedias me lo devoré luego, releyéndolo una y otra vez, como cuando uno se chupa los dedos o limpia los platos para disfrutar hasta la última miga de un pan delicioso que rara vez se puede paladear.
Después me recuerdo en casa de los abuelos maternos: ahí había de todo, desde revistas, cuentos ilustrados y libros tan distintos que iban desde "La Vuelta al Mundo en 80 Días" hasta "El Vendedor Más Grande del Mundo". Sí, había de todo y lo que más recuerdo haber disfrutado fueron un montón de historietas que, se suponía, no eran para mi edad, por los temas o los dibujos tan "exóticos" de chicas que en ellas aparecían.
En casa de mis abuelos paternos no me tocó ver demasiados libros, hasta que, en una ocasión, me di cuenta de que sí los había, sólo que doña Lupita los había metido en cajas para tirarlos a la basura. No hay que juzgar a la abuela por eso; cada quien hace lo que sus costumbres y convicciones le dictan.
Tiempo después tuve un muy buen amigo al que su padre le había comprado varias enciclopedias, pero que nadie leía y sus hermanos pequeños solían destrozar tomando los libros como si se trataran de cuadernos de actividades de "colorea, recorta y pega". Afortunadamente a este amigo le gustaban mucho las cintas que llenaba con las canciones cortadas y en desorden que tomaba de la radio. Un "cassete" por un libro era el trato. Gracias a ese trueque aún sobreviven varios de aquellos libros entre mis estantes.
¿El primer libro que leí? No lo recuerdo; solía leer varios a la vez, pero, eso sí: ¡qué bien la pasaba!."

Foto por: Siba Press via Newscom

El Dr. Christopher Rollason comenta acerca del libro: Bitácoras de Soledad




L
a bitácora es, tradicionalmente, parte de un bajel marítimo, el armario cerca del timón donde se guarda la brújula y, a su lado, un cuaderno que narra el historial y el hado de la nave y es pertenencia del capitán. A la vez, hoy día en el idioma castellano el término cuaderno de bitácora, o, lacónica y metonímicamente, bitácora, ha pasado a ser alternativa casticista para significar algo bien moderno, el diario de a bordo de una mente o vida individual que en el hegemónico inglés se llama weblog o, corrientemente, blog, tomando su origen de ese mismo cuaderno de bitácora, que en aquel idioma es logbook o log. Quien, como Héctor Domingo elige denominar sus relatos de bitácoras, se encuentra, así, a medio caballo entre tradición y modernidad, bicéfalo como un Jano, una de cuyas cabezas mira una tradición literaria de aventuras mientras la otra contempla el universo presente y futuro de las redes.

Hallamos en la cubierta del volumen una sugestiva imagen: la de una botella lanzada al mar, en cuyo interior hay una hoja portadora de algún mensaje. Aquí el lector pensará en ese gran cuento marítimo de Edgar Allan Poe, ‘Manuscrito hallado en una botella’ (‘MS. Found in A Bottle’), relato que ya tuvo vástago latinoamericano en el ‘Manuscrito hallado en un bolsillo’ de Julio Cortázar. La narrativa onírica y fantástica del cuento de Poe, diario de a bordo de un ex-anticuario que viaja en dos navíos, uno real que naufraga y otro fantasmal que lo lleva a un terrorífico destino, se redacta con material de escribir que el protagonista consigue pillar de la cabina del capitán. De algún modo, así, el relato del gran norteamericano es no sólo mensaje echado al mar sino también una suerte de bitácora.

Es cierto que la bitácora de la época cibernética se estructura según un principio de cronología invertida, apareciendo en primer lugar los eventos más recientes. En ese aspecto, estos seis relatos, las bitácoras de Héctor Domingo, son más tradicionales, pues conservan la cronología creciente (en vez de decreciente) de la narrativa linear más familiar. No obstante, estas seis bitácoras forman una secuencia inédita, pues aunque cada cuento nos da a conocer a personajes diferentes, la secuencia de las entradas nos conduce desde el mes de enero en el primer relato hasta el de diciembre en el último, así constituyendo a sus ficticios sujetos como protagonistas de un año ritual (si bien un año que no llega ni a Navidad ni a Saturnales, pues todo acaba cuando amanece un enigmático 12 de diciembre ...).

A través de esos seis relatos, conocemos a una serie de personajes que rechazan, o a quien se les quita, los lazos familiares que los amarran a la sociedad. Hay empleos que se pierden, contratos que se anulan, expulsiones de domicilio, gente a quien se secuestra o a quien se interna por enfermedades inexplicadas. A la vez y no obstante, cada cual de estos protagonistas sin timón ni brújula tiene su cuaderno y escribe su bitácora, relación que constituye su propia historia y en cuya composición se autoobserva, autocomenta y, a fin de cuentas, autodefine. Son bitácoras de soledad, y en ellas hay soledades terribles, epopeyas de la comunicación frustrada, del anhelo por una solidaridad inalcanzable, que podrían recordar al José Saramago de una novela como Todos los nombres. Al tiempo y pese al extraño ambiente de enajenación que domina en el universo de estos cuentos, hay, como en Saramago, siempre un corazón humano que late, que rechaza la deshumanización de lo cotidiano y anhela una alternativa utópica y tal vez, quién sabe, incluso posible – utopía que luce en el mismo acto de escribir, de compilar, de crear y autocrearse a través de esa actividad, hoy día eminentemente actual, de ir urdiendo y tejiendo esas narrativas del ser en evolución que nosotros, como los buenos hijos del ciberespacio que ya somos, llamamos bitácoras.


* * *

Christopher Rollason es licenciado en Filología Inglesa por el Trinity College, Cambridge (Inglaterra, 1975). Se doctoró en la Universidad de York (Inglaterra, 1988). Antiguo docente de la universidad de Coimbra (Portugal), ha colaborado con las universidades de Bologna (Italia), Vigo y Córdoba (España), Caen (Francia), Surrey y Manchester (Inglaterra) y en la India con la Kakatiya University, el CIEFL (Hyderabad) y la Jawaharlal Nehru University, en donde fue profesor visitante en 2006. Es especialista en temas de literatura india de habla inglesa y ha sido editor lingüístico del a Atlantic Literary Review (Delhi). Ha editado los volúmenes "Modern Criticism" (con Rajeshwar Mittapalli, 2002) y "Postcolonial Feminist Writing" (con Dora Sales Salvador, 2003). Es socio de la Asociación Española de Estudios Anglo-Norteamericanos y miembro fundador de la Asociación Española de Estudios Interdisciplinarios sobre India.

El Zoológico Fantástico Existe


Q

uienes han leído Bitácoras de Soledad seguramente conocen el Zoológico Fantástico, que es la obsesión del personaje central. Jan Caballero quiso ser artista y tenía toda una exposición a la que sólo faltaban detalles para ser terminada. Era cuestión de quizás algunos días para que sus fantásticas figuras pudieran conocer los reflectores de una galería de arte; sin embargo nunca lo hicieron. No era su destino.


Cuando me preguntan qué tanto tiene este libro con mi propia vida suelo responder que todo y nada: todo porque la historia ha salido de mi cabeza y las huellas que ciertas experiencias de la vida me han dejado. Nada porque lo escrito en esas páginas es totalmente ficción ¿o no?… Bueno, confieso que el Zoológico Fantástico existe, aunque no tal como se menciona en el libro. Explico a continuación:   me gusta coleccionar figurillas artesanales, talladas o formadas a mano. Tengo varios gatos, un grupo de jirafas, aves y alebrijes, entre otras cosas que me hablan de viajes y lugares lejanos, pero sobre todo de la destreza de las manos que las han moldeado. Debo decir entonces, que si el Zoológico Fantástico existe es gracias a los artesanos que saben convertir trozos de piedra, papel y madera en pequeñas leyendas vivientes.

Un ejercicio de imaginación


C

cuando con los ojos capturo escenas, tanto de la vida real como de la red, no puedo quedarme sin imaginar qué hay más allá de lo que observo. Más que mirar formas o colores, me pongo a inventar significados. ¿Por qué tal o cual arruga? ¿Por qué las cosas o personas están en un lugar y no en otro? Y al unir un poco de aquí y de allá con las experiencias personales y un poco de inventiva surge al final una especie de cóctel mágico, un monstruo de siete cabezas, esa quimera a la que llamamos ficción. Imaginemos un poco:





1.-¿Hacia dónde mira este hombre? ¿Qué siente, qué piensa? Debe de ser algún escritor, porque está inclinado y la gente se inclina para alcanzar las teclas de una máquina de escribir. Pero este hombre no se ve muy tranquilo… algo le preocupa. Quizás debería salir de esas cuatro paredes para inspirarse mejor. ¿Lo sacamos de ahí? 


2.-Que se vaya en un tren. Los trenes llegan hasta los puntos más lejanos. ¿Y qué lugar es este? Luce pequeño y las gallinas se atraviesan en las vías. Sí… Este lugar le haría bien a nuestro personaje: un lugar tranquilo y a la vez muy distinto de lo que ha conocido. Lo primero le permitirá encontrarse consigo mismo y lo segundo agitará su imaginación. 


3.-El lugar es más pequeño de lo que parecía. Sólo unas cuantas casitas. Hace frío entre las montañas. El hombre deberá buscar en dónde hospedarse. A lo mejor se equivocó al venir aquí, pero ya no puede volver, porque aquí los trenes no entran y salen al antojo del viajero. 


4.-¡Un bar! El lugar no tiene hoteles, no tiene canchas deportivas ni bibliotecas; sólo casas y un bar. Un bar con un segundo piso en donde debe de haber alguna habitación disponible. ¿Qué tipo de gente habita un lugar tan pequeño con sólo un bar como diversión? 



5.-¿Y qué hace aquí un hombre como él? El lugar está muy lejos de cualquier costa y aparece un viejo vestido como marino. Para colmo, la gente de la aldea lo conoce como "El Capitán". 

Más o menos fue así como me inspiré para crear el relato de "El Capitán" que aparece en el libro Bitácoras de Soledad. Cuando navego por la red de pronto me encuentro con imágenes que captan mi atención. Al principio no sé por qué me resultan llamativas, pero lo que sí sé es que de algo van a servirme luego. Las descargo, entonces y las pongo en una carpeta en la Mac que suelo llamar La Morgue. Luego, cuando estoy buscando inspiración para nuevas historias, acudo a esta "morgue" y tomo una serie de imágenes que a final de cuentas terminan relacionándose entre si. Me atrevo a compartir esta información esperando que a alguien le sea útil.

*NOTAS: las fotos sólo están siendo utilizadas sólo de forma ilustrativa para este ejercicio de imaginación y no tienen nada que ver las situaciones que estoy narrando con la realidad. Nombres, lugares y cualquier evento mencionado son invenciones. Estas imágenes las obtuve navegando en la red y me parece que no tienen derechos de autor, pero si así fuera, agradecería me lo indicaran para incluir los respectivos créditos o, en su caso, retirarlas.